Cagaste un pedazo de dignidad,
y te aliaste a la frigidez.
No te importaron tus ideales,
en tu proceso de madurez.
Colgaste de la percha,
lo que te quedaba de honor.
Y se fue esfumando tu sonrisa,
en el retoño de un otoño sin dolor.
La vida quizas no te devuelva,
lo que vos mismo te quitaste.
Pero nunca vas a sentirte mal,
porque tus sentimientos congelaste.
Quisiste ver nubes de metal,
mares atestados de lo material.
Y golpeaste la pared de la soledad
y ya nada te devolverá a la realidad.
Seguirás insistiendo en tu terquedad,
en los lujos que la plata te dá.
Y tu alma tierna se cansará de llorar,
esperando que la puedas escuchar.
Esteban M. Landucci
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